Una
de las regiones más fascinantes y paradójicamente,
menos exploradas del territorio provincial.
El encanto del norte se oculta tras los mágicos senderos
de la historia, en la mirada y la amistad de su pueblo, en las
milenarias escrituras de sus laderas, en la mano de sus habitantes
que desde una galería colonial nos ofrecen un mate y
con él las aventuras y leyendas de esta fantástica
región.
La magia del norte permanece casi oculta y solo se brinda a
aquellos que saben buscarla. Allí podemos recorrer los
rojos senderos del Cerro Colorado, descubrir como en sus laderas,
entre la frondosa vegetación, nacen las imágenes
que fueron dibujadas hace más de mil años por
los pobladores originales de esas tierras.
Caminar por las empedradas calles de Tulumba, por las ruinas
de su antigua capilla construida sobre el sagrado dominio de
un cementerio sanavirón. Visitar el hogar de los Reynafé,
piezas fundamentales en la batalla entre federales y unitarios,
organizadores de la emboscada que terminaría con la vida
de Facundo Quiroga, son algunos de los secretos que oculta la
región.
El Norte de la provincia es un paraíso de historia y
tranquilidad, de montes de intenso rojo que se conjugan con
el verde de la vegetación.
Tierra de leyendas y misterio, de largas procesiones que atraviesan
el corazón de cada pueblo, cuando rinde homenaje sus
imágenes religiosas.
Tierra de estancias jesuíticas, de evangelización,
de grandes salinas y pintorescas calles, de paisajes que recorrieron
el mundo plasmados por el pincel de famosos artistas. Poblados
que demuestran la magia de los tiempos fundacionales del país,
localidades que consagran la tradición en festivales
de doma y folklore, lugares que mantienen el encanto de sus
colonias y su exquisita gastronomía.
Cada uno de los pequeños pueblos, cada una de sus grandes
localidades, desde los negocios céntricos hasta los humildes
caseríos de adobe y teja muslera, el Norte de la provincia
es una región que se multiplica en mil historias, en
mil parajes, en mil senderos de excepcional fantasía.
Toda su magia palpita en el corazón de sus habitantes.
Acercarnos a una puerta, en medio de una interminable planicie.
Allí el mate circula cargado de azúcar y tomillo.
- Buenas - , decimos, como quien pide permiso. Entonces la mirada
de los pobladores se alza, nos recorre minuciosamente, como
si evaluaran. Inmediatamente, una mano se extiende desde el
umbral, nos ofrece un mate. - Tome, que está calientito
- . Recién allí empieza el verdadero viaje, que
mezcla los paisajes que ya recorrimos, con la magia de una región
que se mantiene viva en las leyendas, en la historia, en la
boca de sus habitantes.
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